Hola mamá, te extraño...
Hace tiempo que tú y yo no hablamos como solíamos...
Recuerdo cuando estuviste enferma... aquella mañana en el hospital que te tomé de la mano, o aquel día de la operación. Ese día tuve suerte porque precisamente despertaste justo cuando yo acababa de entrar en aquella sala de cuidados intensivos y no sabes la alegría que me dio saberme en tus despertares.
Quizás porque se que un día también estuve en tus sueños, antes de que yo llegara y tu desearas tener un niño. Entonces yo era tu sueño. Fue como recuperar el sitio que la realidad y el tiempo me habían quitado. Dirás qué niño, ¿verdad?, a mi edad y aún me sigue reconfortando ser eso, tu niño…
Siempre me pregunté por que respetaste tanto mis tiempos…
Sabías que yo tenía ya otra vida, otra familia y cuando hablábamos me lo decías sin decírmelo, con tus silencios y tus distancias. Al principio me dolía ver como te alejabas, pero al final he llegado a la conclusión de que una buena madre es aquella que enseña a sus hijos a enfrentarse solos a la vida.
Y yo al fin y al cabo eso he hecho. Mis problemas, ya no fueron nuestros problemas; mis angustias diarias viven conmigo y por lo general se mueren conmigo y con mis silencios. Entre las cosas que llenaban mi vida pocas eran ya las que compartíamos.
Partiste aquel gélido invierno y contigo se fue gran parte de mi vida. Un invierno que ha durado largo tiempo y no desea marcharse.
Como olvidar tus tibias manos arrugadas por el tiempo, pero cálidas, llenas de amor…
Lamento mucho no haber estado más tiempo contigo, no haber hecho caso a ciertas cosas, que solo el tiempo me demostró que tenías razón.
Y yo te quiero mamá, de veras… sigo pensando en ti a diario. En tus enseñanzas, en mis recuerdos a tu lado, en tus ánimos cuando había un mal momento, en la alegría que te causaban mis éxitos, en tantas y tantas tardes solos y juntos ¿recuerdas?
Pues yo te recordaré por siempre.
Te quiere,
Tu hijo.
Gerdix
Apostando al Cambio!